Nada ocurre por casualidad, por eso llego Julián. Cuando llegó, venía de sobrevivir a grandes batallas de dardos, digo sobrevivir porque la verdad, era bastante malo y para aliviar su ego se preparaba unos Gin&Tonic que hacían enverdecer al enemigo, pero él necesitaba más y más emoción y fué entonces cuando le invitamos a sentir la magia del teatro con nosotros y así fue, la sintió rápidamente y sacó sus sueños fuera de la cama.

Se convirtió en un científico terrorífico, un Franky que parecía Shrek y lo más importante, cuando acababa la función Julián derramaba emoción y nunca paraba su imaginación.

Escrito por: En el 32 de Pío Baroja

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